* Una jornada de bordado en torno a la figura y la obra de Inés Arredondo se llevó a cabo en la Sala de Formación Lectora del ISIC
Culiacán, Sin.– En un ambiente cercano y profundamente emotivo, se llevó a cabo una jornada de bordado en la Sala de Formación Lectora del Instituto Sinaloense de Cultura, dirigida por la promotora de lectura Inés Arce, quien guio el encuentro para recordar a Inés Arredondo, invitando a las y los asistentes a habitar el bordado como un espacio de expresión, escucha y reflexión compartida.

Desde el inicio, las integrantes del colectivo acompañaron a las y los participantes explicando las bases del bordado, propiciando un entorno accesible y acogedor donde cada puntada se convirtió en una forma de decir y sentir.
La escritora de cuentos infantiles Georgina Martínez Montaño compartió su experiencia creativa con una mirada sensible sobre su forma de entender el mundo. Mientras conversaba, habló también de su profundo amor por Sinaloa, señalando cómo su obra suele evocar los elementos que lo caracterizan: los árboles, las flores y los pequeños animales de la región, que aparecen como símbolos vivos de identidad y arraigo.
Uno de los momentos más significativos fue la proyección de un video realizado por Ramón Cárdenas, en el que la promotora cultural lee fragmentos de su libro de cuentos En los ojos de Inés, obra que cuenta con ilustraciones de María Tuti, desde una hacienda vinculada a la vida de Inés Arredondo. La pieza envolvió al público en una atmósfera íntima, donde la palabra, el territorio y la memoria se entrelazaron.
La asistencia, nutrida y participativa, bordó sobre tela y fotografía dibujos y frases inspiradas en la obra de Inés Arredondo. Entre hilos y colores, surgió también un diálogo abierto que transitó de la literatura a lo personal: se compartieron historias, emociones y reflexiones sobre la vida en un contexto marcado por la violencia. Así, el encuentro se transformó en un momento de resiliencia y camaradería, donde el acto de bordar fue también una forma de acompañarse.
Más que una actividad artística, la jornada reafirmó el bordado como un acto de memoria viva, de cuidado colectivo y de conexión humana.
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