*La puesta en escena protagonizada por Jesús Ochoa y Sergio Galindo llenó el Teatro Pablo de Villavicencio con una historia que, entre humor, picardía y momentos entrañables, celebró la amistad y la identidad del noroeste
Culiacán, Sin.- Risas, chistes subidos de tono, momentos de nostalgia y alguna que otra lagrimita asomándose entre el público fueron parte de la noche que se vivió este martes en el Teatro Pablo de Villavicencio del Instituto Sinaloense de Cultura durante la presentación de “Fruncidos, una selfie teatral”, protagonizada por Jesús Ochoa y Sergio Galindo.

Con el recinto lleno y un público que se mantuvo atento de principio a fin durante casi dos horas, la función cumplió con la promesa de ofrecer una historia cercana, divertida y profundamente humana, en la que no faltaron las referencias a la vida, las costumbres y el particular sentido del humor del noroeste del país.
La noche comenzó de una manera inesperada, cuando un peculiar personaje apareció para, a su muy particular estilo, realizar las tradicionales tres llamadas que anunciaron el inicio de la función.
Poco después, Jesús Ochoa irrumpió en escena desde uno de los accesos del teatro, “enfiestado” y saludando a los asistentes con la familiaridad de quien se encuentra con conocidos en la plaza de un pueblo.
Entre saludos y ocurrencias, el actor rompió desde el primer momento la distancia entre el escenario y el público, creando una atmósfera de cercanía que se mantuvo durante toda la función.
A partir de ahí comenzó el encuentro entre dos amigos entrañables, interpretados por Ochoa y Sergio Galindo, quienes llevan al escenario una relación construida a partir de los recuerdos, las anécdotas, las diferencias y el cariño que sólo pueden existir después de muchos años de amistad.
Por momentos se quieren, se cuidan y se acompañan; en otros, discuten, se reclaman y parecen estar a punto de pelear. Esa dinámica, cargada de humor y afecto, permitió al público reconocer en los personajes a esas personas que forman parte de su propia historia: los tíos con ocurrencias inolvidables, los amigos de toda la vida o esos familiares con quienes se puede discutir un momento y compartir una carcajada al siguiente.
La obra transita constantemente entre la comedia y la emoción. Los chistes, algunos de ellos con la picardía característicos del noroeste, provocaron risas constantes en la sala, mientras que las conversaciones sobre el paso del tiempo, la memoria y las ausencias llevaron también a momentos de silencio y sensibilidad.
Uno de los grandes aciertos de “Fruncidos” es precisamente esa capacidad para pasar de la carcajada a la emoción sin perder naturalidad. Las historias y situaciones que se presentan en escena conectan con una forma de entender la vida muy cercana al público sinaloense, a través de expresiones, personajes y situaciones que parodian, pero también celebran, la identidad del noroeste.
Entre las bromas y los recuerdos, la puesta en escena se convierte en un espejo en el que cada espectador puede encontrar algún rostro conocido. Más de uno seguramente vio reflejado a alguno de sus tíos, a un viejo amigo o incluso a sí mismo en esa relación de afecto, complicidad y reclamos que construyen los dos personajes.
La conexión entre Jesús Ochoa y Sergio Galindo, sustentada también en una amistad de varias décadas fuera del escenario, se hizo evidente durante toda la función. Ambos construyeron un diálogo ágil y cercano que mantuvo la atención del público de principio a fin y confirmó una de las ideas centrales de la obra: cada función teatral es un encuentro irrepetible entre quienes están sobre el escenario y quienes deciden acompañarlos desde la butaca.
Presentada por la Compañía Teatral del Norte con apoyo del Instituto Sinaloense de Cultura, “Fruncidos, una selfie teatral”, dirigida por Paulo Galindo, y como asistente de dirección Jesusa Ochoa, dejó en Culiacán una noche de teatro vivo, de risas compartidas y de recuerdos que, entre la comedia y la nostalgia, celebraron el valor de la amistad y esos vínculos que permanecen, incluso cuando el tiempo comienza a dejar sus propias marcas.

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