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Verónica Murguía y Zaría Abreu reciben el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2026

*Las escritoras son galardonadas en una ceremonia marcada por reflexiones sobre el poder de la palabra, la memoria, la violencia y la resistencia cultural de Culiacán

Culiacán, Sin.- En una tarde marcada por la emoción, la reflexión y el poder de la palabra, las escritoras Verónica Murguía y Zaría Abreu Flores recibieron el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2026, en una ceremonia celebrada en el Centro Sinaloa de las Artes Centenario ante una nutrida asistencia de integrantes de la comunidad literaria, artistas, amistades y público que se dio cita para celebrar las letras.

La ceremonia inició con las palabras de bienvenida de Ernestina Yépiz, directora de Literatura y Editorial del Instituto Sinaloense de Cultura, quien subrayó la importancia de encontrarse y dialogar a través de la literatura en tiempos complejos.

“En estos tiempos donde es tan necesario conversar y acompañarnos”, expresó al presentar a las galardonadas.

De la poeta Zaría Abreu destacó la capacidad de su obra para nombrar la violencia y encontrar formas de atravesarla desde el lenguaje, mientras que de Verónica Murguía señaló que su escritura invita a mirar la historia desde otros ángulos y a reflexionar sobre ella para comprender mejor el presente.

Durante su intervención recordó una frase de Octavio Paz: “Estamos hechos de palabras. Ellas son nuestra única realidad”, y afirmó que a las personas se les conoce precisamente por sus palabras. Definió además a Murguía como una fuente de sabiduría y una autora con una mirada crítica sobre la realidad, mientras que del Premio Gilberto Owen dijo que es una ventana y una puerta para ver nuestra realidad y nombrarla, porque la escritura nos abre caminos.

Tras la lectura de las actas, se entregó el reconocimiento correspondiente a Zaría Abreu Flores, ganadora en la categoría de poesía por su obra Flor de agua. La autora acompañó la ceremonia de manera virtual desde la Ciudad de México.

En su representación recibió el galardón su amiga Yolany Parrilla, quien conoció a Zaría en el Festival Cultural Navachiste y que desde entonces construyeron una amistad profunda.

Conmovida, agradeció a la poeta el acogerla en su casa durante su tiempo de estudio en la capital del país y recordó que fue una de las personas que la impulsó a dedicarse a lo que hoy se dedica, una promotora cultural.

Como homenaje a la autora, leyó el poema Mientras dure la caída, cuyos versos resonaron en el auditorio y arrancaron momentos de silencio y reflexión entre los asistentes. “Gracias por ponerme una velita”, le dijo a Zaría al concluir.

Visiblemente emocionada desde la pantalla, la poeta agradeció al Instituto Sinaloense de Cultura y al público de Culiacán, ciudad que definió como una comunidad que resiste y que sigue defendiendo la vida.

Durante su mensaje compartió la historia detrás de Flor de agua, un libro nacido a partir del feminicidio de Luz, una mujer que fue asesinada porque su hijo autistahacía mucho ruido.

Flor de agua es un poemario que nació sin mi permiso el día que me enteré del destino de Luz”, expresó.

La autora explicó que el libro está dedicado a Luz, a Bruno, su hijo, y a las víctimas de feminicidio. Más tarde ofreció una lectura de poemas que conmovió profundamente al público.

Zaría también agradeció la cercanía y amistad de Verónica Murguía, y señaló que no consideraba casualidad que ambas recibieran juntas este reconocimiento.

La entrega continuó con el reconocimiento a Verónica Murguía, ganadora en la categoría de cuento por Asfódelo.

La escritora agradeció la hospitalidad de Ernestina Yépiz quien la acogió como si fueran viejas amigas y del director general del ISIC, Juan Salvador Avilés Ochoa, quien siempre la ha recibido con gran calidez.

Murguía dedicó buena parte de su intervención a reflexionar sobre el momento que vive el país y sobre el papel de la literatura frente a la incertidumbre y la violencia.

“Yo no pretendo, como chilanga, decirles a ustedes que la tempestad que abate sobre su ciudad debe tener una solución”, comentó, para después señalar que encontrar una salida es una tarea colectiva que depende del encuentro entre las personas y no de la simple palabrería.

La autora cuestionó cuál es el sentido de la lectura en tiempos difíciles y reconoció no tener una respuesta absoluta. Sin embargo, afirmó que la literatura sigue siendo una herramienta indispensable para comprender el mundo.

También habló de la lectura como un acto de compañía. “Cuando uno lee habla con los difuntos”, dijo, citando una frase de Francisco de Quevedo, y luego cuestionó “¿Cómo no vamos a encontrar consuelo en la literatura?” en este mundo sobre informado y yendo a pique.

Sus palabras encontraron eco entre los asistentes cuando dirigió un mensaje especial a la comunidad cultural de la ciudad:

“Culiacán es un faro que brilla en la tempestad. Les agradezco seguir escribiendo y siendo, por su perseverancia. No están solos, el resto del país estamos pendientes”.

En representación de la Secretaría de Educación Pública y Cultura, Luis Enrique Silva Peña destacó que los pueblos no sólo se construyen con infraestructura, sino también con palabras, historias y sueños compartidos.

Al referirse a Gilberto Owen, señaló que el poeta sinaloense sigue vivo a través de una obra capaz de dialogar con temas universales como el amor, la memoria, la soledad, el deseo y el paso del tiempo.

La ceremonia concluyó con la participación del director general del ISIC, Juan Salvador Avilés Ochoa, quien celebró que en esta edición ambas categorías fueran obtenidas por mujeres.

Sobre Verónica Murguía destacó que se trata de una narradora prolífica, polígrafa y traductora de reconocimiento internacional, con una sólida trayectoria tanto en América Latina como en Europa,

“Que Verónica haya ganado este premio eleva los estándares del Premio Gilberto Owen”, afirmó.

Entre aplausos, fotografías y abrazos, concluyó una ceremonia en la que la literatura fue mucho más que motivo de celebración: fue un espacio para acompañarse, recordar, nombrar las heridas y reafirmar, desde las palabras, la posibilidad de seguir adelante.

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